sábado 10 de enero de 2009

Reconstrucciones


Berlín es la ciudad. Ejemplo de lucha y autosuperación, Berlín se ha convertido por méritos propios en la capital europea por excelencia; su arquitectura, su modernidad o su afán de superación constante la converten en ciudad de excepción.


Desde que la ciudad cayera en manos de los llamados aliados ha sufrido una transformación faraónica. Se transformaron sus calles, llenas de escombros, escoltadas por edificios muertos cuyas heridas abiertas se presentaban ante los ojos de propios y extraños como la imborrable secuela de una guerra que desoló a Europa y al mundo. Se transformaron también sus gentes, llenas también de heridas invisibles aunque no por ello menos dolorosas. Así nos lo refleja Roberto Rossellini en su película Alemania Año Cero:



Pero si la Segunda Guerra Mundial tuvo una consecuencia abominable, esta fue la Solución Final. Millones de judíos encerrados y asesinados por el antisemitismo nazi. Pero el Holocausto no solo dejó un largo rastro de víctimas; también dejó héroes. Uno de esos héroes es español y pasó totalmente desapercibido durante décadas, llegando incluso a atribuirse todos sus logros a otro hombre; aunque hay que dejar constancia de que su anonimato fue totalmente voluntario. Ese hombre era Ángel Sanz-Briz.


Este gran desconocido fue un relevante diplomático español nacido en Zaragoza que en 1942 se convirtió en Encargado de Negocios en la embajada española en Hungría. Pero no fue hasta 1944 que Alemania ocupara el país, poniendo inmediatamente en marcha su maquinaria exterminadora contra la comunidad judía húngara, aproximadamente 750.000 personas. Esta situación provocó una profunda preocupación en Sanz-Briz que rápidamente comenzó a idear una forma de ayudar a los judíos húngaros junto con otros valientes como Monseñor Rotta, que ya en Sofía había emitido certificados falsos de bautismo.


Así, nuestro aguerrido diplomático se valió de un decreto de Primo de Rivera por el que cualquier judío serfardí podía obtener documentación española. Pero la comunidad sefardí era demasiado escasa, con lo que Sanz-Briz ayudado por el personal de la embajada tomó la decisión de serializar los apenas dos centeneres de números de pasaporte que había obtenido del Ministerio del Interior húngaro. Con estas series podía proporcionar un mismo pasaporte a familias enteras salvándolas así del desastre. Se estima que Ángel Sanz-Briz consiguió salvar a 5.200 personas de las garras nazis, a muchas de las cuales sacaba prácticamente en marcha de los trenes que se dirigían a Auschwitz. Mientras se tramitaban sus salvoconductos (los Schutzbriefe) por las autoridades húngaras, Sanz-Briz les albergó en once casas alquiladas a tal efecto, donde se les procuró comida, techo y atención médica. Para mantener alejados a los alemanes, dichas casas figuraban como "anexo a la legación española".


Tras la orden del gobierno español de que saliera inmediatamente del país ante la inminente entrada del Ejército Rojo en Budapest, dejó su legado en manos del italiano Giorgio Perlasca, ex-combatiente en la Guerra Civil española. La discreción y el extraordinario sentido del deber de Sanz-Briz hicieron que fuera Perlasca el que recibiera durante décadas todos los honores. El único reconocimiento que el diplomático español deseaba era la satisfacción personal de haber hecho una buena obra. El propio Sanz-Briz relató las circunstancias mediante las cuales pudo salvar la vida de tantos judíos a Federico Ysart, el cual lo plasmó en su libro Los judíos en España (1973). Su fallecimiento tuvo lugar en Roma en 1980, desempeñando su labor como Embajador de España ante la Santa Sede.


En 1991, el Museo del Holocausto Yad Vashem de Israel distinguió su acción otorgándole el título de Justo entre las Naciones, inscribiendo su nombre en el memorial del Holocausto. En 1994 el gobierno húngaro le concedió a título póstumo la Cruz de la Orden del Mérito de la República Húngara. Fue el primer diplomático español que apareció en un sello de correos de España.


Al igual que Rossellini nos reconstruía visualmente una ciudad de Berlín derrotada luchando por renacer, Sanz-Briz reconstruyó la cordura, la dignidad y la esperanza en un tiempo oscuro, un tiempo de negro esvástica.