viernes 31 de octubre de 2008

"Pero ¿por qué no te callas?" II



No ganamos para disgustos en este país. Cuando no se intenta suicidar Aramís Fuster con una Coca-Cola se secuestra a sí mismo el novio de Falete, pobre mío; pero cuando creíamos que pasábamos por una temporada de calma chicha de emociones va la reina (que es esa señora que está casada con el que sale en Nochebuena intentando hablar) y suelta unas cuantas bombas a través del puño y la letra de Pilar Urbano.

"Puedo comprender, aceptar y respetar que haya personas con otra tendencia sexual, pero ¿que se sientan orgullosos por ser gays? ¿Qué se suban a una carroza y salgan en manifestaciones? Si todos los que no somos gays saliéramos en manifestación... colapsaríamos el tráfico. Si esas personas quieren vivir juntas, vestirse de novios y casarse, pueden estar en su derecho, o no, según las leyes de su país: pero que a eso no lo llamen matrimonio, porque no lo es. Hay muchos nombres posibles: contrato social, contrato de unión". Sofía de Grecia, Reinona de España.

Estas declaraciones, que han provocado una enorme conmoción en todos los estamentos públicos y privados del país, provocan en mí dos sentimientos encontrados. Por un lado la indignación de que una figura meramente representativa que no debería tener ni voz ni voto en asuntos de política hable de temas relacionados tan estrechamente con ella (recordemos que el matrimonio homosexual está en esa gigantesca Torre de Babel con forma de plaza de toros llamada Tribunal Constitucional esperando a una resolución tras una dura lucha legal). Pero por otra parte estoy satisfecho de comprobar que la Monarquía en este país es tan rancia y obsoleta como cabría esperar de un modelo que lleva tristemente en vigor desde hace demasiados siglos.



De todos es sabido que los reyes gozan de una cierta popularidad insana en los estamentos públicos, en la prensa, en el mundo empresarial, en el parque de atracciones, en el circo y hasta en el puesto de castañas asadas de la esquina. Son seres absolutamente priveligiados en una sociedad que presume de igualdad. ¿Y qué igualdad hay, me pregunto, entre cualquier ciudadano y el rey? La sencillez y atrocidad radica en la respuesta: el rey no tienen ninguna responsabilidad legal. Y mejor aún, ¿qué diferencia hay entre el rey y un sudanés? Otra respuesta aterradora: si el rey de España fuera gay no lo condenarían a muerte, como tristemente ocurre en Sudán.
Y no solo en este país; según un documento de la ILGA (Liga Internacional de Gays y Lesbianas) la pena de muerte para estos delitos aún está en vigor en Arabia Saudí, Yemen, Irán, Mauritania, Sudán, Afganistán o Pakistán, todos ellos con mayoría de población musulmana.

En el caso de Arabia Saudí no existe código penal. Sin embargo, el país aplica la estricta ley islámica de la Sharia.
De acuerdo con esa ley, para un hombre casado la pena es la muerte por lapidación, mientras que la pena para un soltero es de 100 latigazos así como el destierro por un año. Para un no musulmán, que cometa sodomía con un musulmán, la pena es la muerte por lapidación. Para la condena por sodomía, debe probarse la confesión del culpable por cuatro veces, o el testimonio de cuatro hombres musulmanes honorables (que si ya es difícil encontrar un solo hombre honorable, cuatro es prácticamente una utopía).Según la ILGA son un total de 91 los países en los que las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo son consideradas un delito y, por consiguiente, cuentan con su correspondiente pena. Entre ellos Nigeria, Costa Rica, Egipto, Libia o Kiribati (¿alguien sabría situar este país en el mapa, así sin mirar la Wikipedia ni nada? Pero si parece una marca de yogures).

Hay quien considera que España rebosa de libertad y buen rollo sexual, los hay que piensan que vivimos en un país excesivamente permisivo y en el que el "todo vale" está a la orden del día (¿algo que decir al respecto, Majestad?). No dejan de ser opiniones vertidas libremente, pues tenemos la suerte y el privilegio de la palabra, de expresar con libertad lo que pensamos. Respeto. Tolerancia. Libertad.

Yo, personalmente me siento orgulloso a la par que aliviado, de vivir en un país donde no corro el riesgo de que me fustiguen, me encarcelen o me asesinen por el mero hecho de amar a quien los demás no quieren que ame.

sábado 25 de octubre de 2008

El oro también puede ser azul



El otro día pasé por delante del imponente edificio de Telefónica en la calle Gran Vía de Madrid; se ve que no ganan lo suficiente con las facturas de infarto que le cobran a sus usuarios y han decidido poner una tienda de todo tipo de aparatitos electrónicos en las primeras plantas. Lo cierto es que tienen prácticamente de todo: teléfonía, reproductores de audio y video y otras pijaditas carísimas que el sueldo de un servidor no se atreve ni a mirar.

Eso me hizo pensar en lo dependientes que nos estamos volviendo respecto a la tecnología. En estos tiempos que no corren, sino vuelan, resulta prácticamente inimaginable calentarse la leche en un cazo (Recipiente de cocina, de metal, porcelana, etc., generalmente más ancho por la boca que por el fondo, pero a veces cilíndrico, con mango y, por lo general, un pico para verter.). Pocos somos ya los que fregamos nuestros platos con estropajo, y cada vez menos gente tiene televisores de esos que sobresalían del mueble.
Cada vez queremos móviles más pequeños y funcionales, ordenadores más ligeros, televisores más planos, consolas de videojuegos más potentes; lo queremos todo, y lo queremos ya.

Y efectivamente lo conseguimos; la industria tecnológica se encarga de hacer realidad todo aquello que resultaba futurista e inverosímil en las películas de ciencia ficción de hace ya años. Todo lo que el hombre ha soñado conseguir a lo largo de la Historia lo ha conseguido.

Pero todo esto tiene un precio. Uno muy caro, quizá el más caro de todos: la vida humana.

La mayoría de la gente ignora que toda esta tecnología sobre la cual basamos nuestra existencia diaria tiene un componente común y fundamental: el coltán.
Se trata de la combinación de dos palabras: columbita-tantalita. De esta combinación de minerales se obtiene un metal extraordinariamente codiciado en el mundo entero: el tantalio. Descubierto por el sueco Jöns Jakob Berzelius en 1820, las investigaciones arrojaron luz acerca de sus inmejorables propiedades conductoras de electricidad y calor y su enorme resistencia.
Estas propiedades lo han convertido rápidamente en pieza fundamental en gran cantidad de dispositivos electrónicos, como en teléfonos móviles, ordenadores, televisores, satélites o armas, entre otras muchas aplicaciones de este preciado metal.

Uno de los problemas que plantea el uso del coltán, también llamado oro azul, es su extracción ya que no existen minas de donde sacarlo; se encuentra disperso, mezclado con la tierra. Actualmente puede hallarse en Brasil (5%), Tailandia (5%), Australia (10%) y la República Democrática del Congo (80%), siendo, por mayor capacidad de recursos, Australia el primer productor mundial.
No obstante, existe una auténtica obscenidad humanitaria en el Congo, donde la extracción del coltán recuerda mucho a aquellos añejos buscadores de oro en el río Mississipi.



La innegable verdad es que el coltán mueve a su alrededor ingentes cantidades de dinero, y es este vil metal el que finalmente mueve el mundo. Así, no es de extrañar que la posesión del coltán sea motivo de conflictos contínuos. En concreto, la famosa guerra del Congo iniciada en 1998, en la que se vieron involucrados también Uganda y Ruanda, tiene su origen, entre otras cosas, en la posibilidad de explotar los territorios en los que el llamado oro azul es abundante. De hecho, según informes de Human Right Watch, el Ejército regular de Ruanda, o bien alguna de las guerrillas que financiaba, empleaba prisioneros hutus, así como a población local, incluidos niños para la extracción del mineral en los yacimientos que se encontraban en el área bajo su control. De ahí se enviaba en camiones hasta Kigali y posteriormente era exportado a Estados Unidos, Alemania, Holanda, Bélgica o Kazajstán.

La guerra del Congo, enterrada hoy en el pasado y supuestamente finalizada gracias a una resolución de la ONU en 2003, no puede caer en el olvido. Debe hacernos recordar que el mundo se mueve por las exigencias del mercado. Hoy ya no se libran batallas por defender territorios o por ir a buscar a la mujer amada. Me pregunto qué dirían grandes creadores de guerras como Agamenón o Pompeyo si vieran en lo que se ha convertido su oficio. Me pregunto qué opinarían de las grandes potencias del norte, que entre sonrisas y apretones de manos resuelven sus conflictos en ese inmenso y ajado tablero del Risk en que se ha convertido África:

"En realidad, ni el Gobierno de EE UU ni los de la Unión Europea mostraron una voluntad política real para acabar con el conflicto en detrimento de sus intereses particulares. Más bien al contrario : muchos países occidentales siguieron ayudando a Uganda y Ruanda tanto militarmente como a través de cuantiosas ‘ayudas al desarrollo’. Por ejemplo, la agencia de ayuda británica (DFID) anunció en septiembre del año 2000 un préstamo de 95 millones de dólares sobre un periodo de tres años para ayudar al Gobierno ruandés. Resulta paradójico y difícil de comprender cómo era necesaria una ayuda a países que poseían los suficientes recursos para invadir a su vecino. En este sentido, informes publicados por la ONU en abril de 2001 estimaban que el gasto militar de Ruanda en municiones, abastecimiento y vuelos de su Ejército en el Congo rondaba los 60 millones de dólares al año, mientras otros informes también publicados por la ONU y por comisiones independientes estimaban que en el año 2000 Ruanda había ganado 40 millones de dólares por diamantes, 15 millones por el oro y 191 millones por el coltán, todos extraídos en suelo congoleño. Uganda habría ganado en sus zonas bajo control 1,8 millones por diamantes, 105 millones por el oro y 6,2 millones por el coltán.

Ruanda y Uganda no sólo se beneficiaron durante el periodo de guerra de la ayuda de los países donantes, sino que parte de sus deudas externas fue cancelada y además fueron considerados como modelos de desarrollo económico."
(El artículo completo puede encontrarse aquí).

Grande es el desconocimiento del coltán y todo lo que a su alrededor ha movido hasta ahora: guerra, esclavitud, millones de muertos y el silencio sepulcral de las grandes compañías del sector tecnológico para no ver empañada su imagen de modernidad, seguridad y progreso. Y la vergüenza de servidor de ustedes de estar escribiendo esta entrada en un ordenador cuyo corazón late rebosante de salud gracias al coltán que reside en su interior.

P.D.: Para más información, consultar en la Red y en el libro Coltan de Alberto Vázquez-Figueroa.

lunes 20 de octubre de 2008

La hemeroteca cuché



Hoy no se hablaba de otra cosa en las peluquerías. El chismorreo ha corrido como la pólvora, de boca en boca y tira porque le toca: el novio del primer hombre en cantar a La Más Grande, Falete, esa gran señorona de la canción española más profunda y una de las voces más prodigiosas de las copleras, ha simulado un secuestro. Los motivos aún no quedan del todo claros; hay quien habla de deudas y cosas por el estilo.
Como es de esperar, en las próximas horas (y días y posiblemente semanas), periodistas de altísimo prestigio nacional e internacional como Karmele, Mariñas, Patiño y alguna que otra gran profesional de los medios tratarán el tema con la seriedad y el rigor que un asunto así necesita, dando datos objetivos y sin hacer sangre de uno de los sucesos más tontos que me he echado a la cara en los últimos meses. Porque mira que hay que ser lerdo para ir a la policía y decir "Señor agente, señor agente, que me han secuestrado". Que se parece más a un monólogo del maestro Gila que a una declaración policial.



Y es que esto de poner a parir a las reinonas de la alta sociedad y/o la farándula no es nuevo. Las prensas rosas existen desde que el mundo es mundo. De hecho se cree que las pinturas rupestres de Altamira no son más que una crónica de las vacaciones de la prima de la cuñada de la amante del concejal de urbanismo de Bedrock.
Son precisamente escabrosos chismes de alcoba (o de donde se tenga a bien y a mano) los que más gustan en los cuchés (revistas, televisión, radio...) desde tiempos remotos (como los controles).

Un claro ejemplo lo encontramos en mi amantísima Catalina La Grande.
Prácticamente autodenominada zarina Catalina II de Rusia, en realidad se llamaba Sofía y nació en la actual Polonia. Llegó al trono a raiz de aceptar casarse con el sobrino de la entonces emperatriz Isabel, futuro Pedro III, un tarado prácticamente impotente, que además tenía fimosis por lo que los juegos amatorios no eran una de sus distracciones preferidas.
Lo que realmente importaba de ese matrimonio era que el bueno de Pedrito tuviera descendencia; que él participara era un asunto secundario y que a nadie preocupaba. Así pues, la emperatriz Isabel lo dispuso todo para que un señor llamado Sergio Saltykov desvirgara a Catalina, que después de más de ocho años de matrimonio seguía mocita y entera, la muchacha; que lo que tenía no era un marido, era un Furby sin pilas.
El caso es que una vez el semental Saltykov hubo depositado su semillita (nada menos que el futuro y feísimo Pablo I que llegaría a acusar a su madre de poner vidrio en su comida para matarlo), lo destinaron a Estocolmo a que se le enfriase un poco... el caracter.

Con este hombretón fuera de Rusia, la pobre Catalina pasaba más hambre que un maestro de escuela, con lo que fue coleccionando amantes como quien colecciona tapas de yogures. Uno de ellos, un hombre de corazón puro, culto y con más músculos de los que yo sería capaz de reconocer en mi propio cuerpo, se enamoró perdidamente de ella. Pero la desgracia se cebó con este pobre hombre, cuyo nombre era Gregorio Alexandrovich Potemkin; en una refriega en una típica cantina perdió un ojo. De este modo, y después de que Catalina lo rechazara en matrimonio, lo convirtió en la persona encargada de suministrarle nuevos y deseables hombres.

Y así, tras una larga vida cargada de conspiraciones para derrocar a su marido del trono, incontables amantes (se dice que San Petersburgo está llena de palacios que les regalaba cuando los sustituía), y algún que otro amor (que no todo era sexo salvaje) murió un frío día de noviembre de 1796. Una leyenda muy extendida, inventada sin duda por los Mariñas y Karmeles de la época, fue que falleció en los establos, mientras era penetrada por uno de sus caballos. Otra de las grandes mentiras de la Historia. En realidad murió en su cama, tras sufrir un ataque en el baño a la edad de 67 años, y tras 32 en el trono de un país al que convirtió en potencia hegemónica en el este de Europa.

miércoles 15 de octubre de 2008

El saludo romano



Hace algunos días todos los rotativos del mundo se hicieron eco del accidente en el que perdió la vida el político austríaco Jörg Haider.
Para aquellos que no sepan de quién se trata pueden buscarlo en Google (no es por ser borde ni nada), o bien seguir leyendo el escueto resúmen que haré a continuación.

Hijo de un zapatero de Bad Goisern desde muy pequeño mamó de la teta de la esvástica de la gran madre germana. Sus padres, muy patriotas ellos, y como la gran mayoría de los austríacos de aquellos locos años 30, apoyaron sin reservas la anexión del país a la Alemania de 1938; su padre, militante del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán y su madre, activista de la sección femenina de las Juventudes Hitlerianas, serían sancionados tras la guerra por tales actividades.
Destacar que ya cuando era un adolescente ganó un concurso de retórica convocado por la Federación Gimnástica Austríaca, una organización de extrema derecha, por la argumentación ¿Somos los austríacos alemanes?, texto publicado posteriormente por el diario derechista alemán Deutsche Nationalzeitung (criaturita, qué pena no haberle dado una Play Station a tiempo).
El talento político de Haider fue descubierto por el entonces presidente del Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) (ponerle nombre a un partido político requiere un gran esfuerzo), Friedrich Peter, un antiguo oficial de las SS y que se convirtió en su promotor (eso sí que son contactos de los buenos).
Y así, con el tiempo, mucha labia, un porte atlético y un don de gentes digno del mejor relaciones públicas del mejor garito de la noche madrileña llegó a ser gobernador de la región de Corintia. No obstante, en 1991 unas desafortunadas (para él) declaraciones empujaron su inmediata dimisión del cargo. Esta joyita de la retórica austríaca describió los campos de concentración como "campos de castigo" y dijo que las SS fueron "una parte del Ejército Alemán a la que habría que honrar". Así mismo, comparó la deportación de judíos de Alemania con la expulsión de los alemanes de Checoslovaquia tras la II Guerra Mundial.
No obstante, en 1999 conseguiría hacerse de nuevo con el mismo cargo, que ostentaba hasta el momento de su muerte.

Esto no hace más que reflejar un profundo e íntimo sentimiento, heredado de un viejo y excesivo orgullo nacional que Alemania ya se encargó de erradicar pensando en un futuro mejor. Esta es la herencia de una Austria que no se sintió en absluto víctima de la II Guerra Mundial, tal y como pretendían los Aliados. Una Austria que ha guardado en sus entrañas sus propios Fantasmas de las Navidades Pasadas y que salen y se mezclan ahora con una juventud desengañada que no sabe marcarse un rumbo por sí misma.

Pero no nos creamos que esto es algo exclusivo de un país. Tenemos ejemplos tan cercanos como los comicios de 2002 que hicieron que la derecha más extrema y rancia de Francia llegara a la segunda vuelta liderada por monsieur Le Pen. Y es que Francia rememora aún con pesar el armisticio firmado por Pétain que desembocó en la ocupación alemana del país en 1940; pero menos mal que les quedó Louis de Funes para reirse del pasado:



Aunque tampoco podemos olvidarnos de Italia y las celebraciones de los votantes del entonces recién electo alcalde de Roma saludándolo al estilo romano: brazo en alto. Escalofriantes los gritos de algunos de ellos, que a la voz de ¡Duce, Duce! vitoreaban a su nuevo líder.

Es evidente que recónditas brasas no del todo apagadas se están oxigenando por desencantos, desengaños políticos, presiones sociales, medios de comunicación (líbreme a mí dios de dar nombres, que luego todo se sabe y a mí no me gusta hablar) y otras tantas variables explicables por la historia europea reciente.

Y en cuanto a España, si Franco levantara la cabeza...
... se la reventaba de una patada.

lunes 13 de octubre de 2008

Castillos de naipes



Desplome de las bolsas, día fatídico, lunes negro, martes negro, miércoles negro, jueves negro... Crisis.

No se habla de otra cosa en los cafés y las colas de las charcuterías (puntos neurálgicos de opinión y pulso social). Los periódicos, la radio y la televisión dedican extensas franjas de programación a tratar tan escabroso tema, intentando hacernos a nosotros, pobres espectadores, partícipes de algo que no acabamos de comprender más que de oídas pero que nos inquieta.
Y es que yo soy persona humana que lo más que sabe de economía es que me han subido el litro de leche y el aceite de oliva virgen extra (nada de aceite suave ni mierdas, que uno es pobre pero exquisito); yo no entiendo de subidas del Euribor, salvo porque eso descoloca las hipotecas, no sé qué es eso del 2%TAE que tan bien anunciaba el bueno de Matías Prats pero que suena tan bonito, pero sin embargo me fastidia como al que más que cuando el barril Brent se dispara me suban 20 céntimos el kilo de tomates al día siguiente.

Y es que toda esta crisis económica me produce la extraña sensación de que hemos construido un edificio de 30 plantas sobre palillos de madera, de esos que usa el tío Mariano para urgarse las muelas. Siento que todo aquello en lo que hemos creído desde niños es un enorme saco lleno de aire de ciudad, que si bien no es el más sano, lo prefiere el ser humano (recupérate prontito, Ana). Todo esos términos tan elegantes y que suenan tan bien en la sobremesa de una copiosa cena como ser accionista, invertir en bonos, arbitraje bursátil, o mi preferido, jugar en bolsa no son ahora más que palabras disparatadas de charlatanes de carretera: todo el mundo las escucha pero nadie confía ya en ellas.
Es precisamente ese aspecto tan etéreo y frágil de un sistema que se las creía todas consigo el que hace que desconfíe de él. Se habla de caídas históricas, de remontadas históricas, de subidas, de bajadas, pero al fin y al cabo de lo que se trata es de números reflejados en una gráfica con tantos picos que ríase usted de las Montañas Rocosas. Pero, en definitiva, eso es todo: cifras. Yo sé que tengo 20€ en el bolsillo (sí, lo sé, soy un privilegiado) porque los puedo tocar, los puedo ver, me los puedo gastar en vino. Pero al hablar de inyecciones de capital de cien mil millones de euros no sé dónde están, de dónde han salido ni dónde van a ir a parar. Solo veo un pico más en una gráfica. Y eso me frustra muchísimo.

No obstante, saber que el llamado sistema financiero español es robusto me da un ligero golpe de tranquilidad dentro de la compleja mezcla de sensaciones que me produce toda esta situación. Y es que solo hay que escuchar al señor Botín para comprobar que somos unos fenómenos internacionalmente. Vean su seguridad y su fluidez en el tema:



Tras escuchar estas sabias palabras he tomado una gran determinación: retomaré aquella añeja práctica de guardarme los dineros en un calcetín bajo el colchón.


Fe de erratas: El nombre del director del Ballet Nacional es José Antonio, y no José Luis, tal y como apuntaba en mi anterior post. Perdón por las disculpas.

viernes 10 de octubre de 2008

Una noche en el teatro... y en el cine


Ayer parecía ser un día que transcurriría sin pena ni gloria; uno de esos días en los que lo más emocionante que tienes que hacer es salvar al mundo de una amenaza alienígena. Ya ves tú, ni que nadie lo hubiera hecho ya; y a mí si hay algo que no me gusta es repetirme, que para eso ya tenemos Cine de Barrio.

El caso es que una amiga me propuso ir al cine: veríamos Vicky Cristina Barcelona... y el Chuli, el Pai, el Cabra y la madre que los pariera. Evidentemente, ante tal despliegue de reparto yo no pude por menos que aceptar la propuesta.
Pero hete aquí, que a media tarde me llamó otra amiga para decirme que otra amiga nos podía pasar al Teatro de la Zarzuela para ver al Ballet Nacional en su espectáculo "El corazón de Piedra Verde" así, por la patilla. Y claro, palabra clave 'gratis': eso es un "sí, claro que me apunto" evidente.

Así pues, a las 20:00h estábamos en la puerta del teatro dispuestos a disimular perfectamente para hacernos pasar por espectadores normales, de esos que pagan sus propias entradas. Y entramos. Y ahí estaba José Luis (director del Ballet Nacional) con un chándal negro que no disimulaba en absoluto su panza, soltando un rollo acerca de lo inspiradora que había la historia en la que se basaba el espectáculo. y ¿qué decir del susodicho? Pues no puedo más que aplaudir. Un espectáculo maravilloso que te embriaga de música, movimiento y sensualidad en el que te metes de lleno en un maremágnum de sentimientos: con un simple taconeo pasas de la alegría a la ira y de la ira a la tragedia, y de esta de nuevo a la alegría. Maravilloso. Y no os perdáis a los bailarines brincando tal y como sus madres los parieron, otro de los grandes alicientes (¿hecho a propósito? ¿falta de presupuesto ministerial para ropa?).

Y del teatro me fui corre que te corre al cine. Vicky, Cristina, Barcelona y, cómo no, Woody. Se trata de una de esas películas que si no hubiera estado firmada por el señor Allen no la habría visto ni Soon-Yi. No obstante le rodea una especie de aura dorada que te deja llevar a un viaje lleno de sensualidad, rabia, sexo y arrepentimientos. El personaje de Javier Bardem, que aunque no carece de un carisma único, está algo flojo, aunque lo suficientemente convincente; el de Scarlett Johansson está para comérselo a trocitos muy chiquititos, disfrutando cada bocado; y Penélope Cruz que en sus últimas películas por fin ha aprendido a ser actriz y borda un papel extremadamente complejo en sentimientos y emociones. Por otra parte esta película parece un taco de postales de la Barcelona más turística y atractiva, así como de la exquisita ciudad de Oviedo. Yo, sinceramente eché de menos ver a Bardem manteniendo un pequeño diálogo apoyado el codo en la cabeza dela estatua que esta ciudad le dedicó al director.



Así pues, os recomiendo a todos que salgáis de vuestras cuevas y llenéis los teatros, los cines, los circos, los sex-shops y veáis espectáculos que de otro modo sólo podríais admirar a través de la fría (aunque económica) distancia que supone el E-Mule.

jueves 9 de octubre de 2008

Paris, je t'aime


Hola, queridísimos.
Hacía mucho tiempo que no escribía unas letras por estos lares. Ha sido un tiempo de silencio escrito, que no emocional. Han sido tiempos de cambios y recambios, de subidas y bajadas, de salidas y entradas, de idas y venidas, de moros y cristianos, y de Tip y Coll.

Esto me trae a la memoria uno de sus magistrales números:



Se trata de ese número delicioso en el que nos explican, a modo de Coco, cómo llenar un vaso de agua; y por si fuera poco nos regalan una traducción simultanea al gabacho, idioma también conocido como "loquehablanesosquenostirabanlasfresas", o francés (en español culto).

Y es que Francia, sin quererlo ni beberlo, me ha dado mucho. Y no, mis queridísimos, no me refiero a ver cómo la Bruni pasa de codearse con modelos tan refinadas y exquisitas como Kate Moss a vérselas de frente con su Graciosa Majestad o Su Santidad (que ya me gustaría a mí ver a todas estas señoras juntas en una fiesta en Kapital). A lo que me refiero es a que Francia me ha aportado algo más que crêpes, quiches o queso Bleu des Causses.
Me ha aportado mucho más, muchas más cosas: ha despertado aquellas viejas e inertes mariposas en mi estómago.

Y recuerda, mon cher, que sin ti, tú yo somos uno.