
Ayer parecía ser un día que transcurriría sin pena ni gloria; uno de esos días en los que lo más emocionante que tienes que hacer es salvar al mundo de una amenaza alienígena. Ya ves tú, ni que nadie lo hubiera hecho ya; y a mí si hay algo que no me gusta es repetirme, que para eso ya tenemos Cine de Barrio.
El caso es que una amiga me propuso ir al cine: veríamos Vicky Cristina Barcelona... y el Chuli, el Pai, el Cabra y la madre que los pariera. Evidentemente, ante tal despliegue de reparto yo no pude por menos que aceptar la propuesta.
Pero hete aquí, que a media tarde me llamó otra amiga para decirme que otra amiga nos podía pasar al Teatro de la Zarzuela para ver al Ballet Nacional en su espectáculo "El corazón de Piedra Verde" así, por la patilla. Y claro, palabra clave 'gratis': eso es un "sí, claro que me apunto" evidente.
Así pues, a las 20:00h estábamos en la puerta del teatro dispuestos a disimular perfectamente para hacernos pasar por espectadores normales, de esos que pagan sus propias entradas. Y entramos. Y ahí estaba José Luis (director del Ballet Nacional) con un chándal negro que no disimulaba en absoluto su panza, soltando un rollo acerca de lo inspiradora que había la historia en la que se basaba el espectáculo. y ¿qué decir del susodicho? Pues no puedo más que aplaudir. Un espectáculo maravilloso que te embriaga de música, movimiento y sensualidad en el que te metes de lleno en un maremágnum de sentimientos: con un simple taconeo pasas de la alegría a la ira y de la ira a la tragedia, y de esta de nuevo a la alegría. Maravilloso. Y no os perdáis a los bailarines brincando tal y como sus madres los parieron, otro de los grandes alicientes (¿hecho a propósito? ¿falta de presupuesto ministerial para ropa?).
Y del teatro me fui corre que te corre al cine. Vicky, Cristina, Barcelona y, cómo no, Woody. Se trata de una de esas películas que si no hubiera estado firmada por el señor Allen no la habría visto ni Soon-Yi. No obstante le rodea una especie de aura dorada que te deja llevar a un viaje lleno de sensualidad, rabia, sexo y arrepentimientos. El personaje de Javier Bardem, que aunque no carece de un carisma único, está algo flojo, aunque lo suficientemente convincente; el de Scarlett Johansson está para comérselo a trocitos muy chiquititos, disfrutando cada bocado; y Penélope Cruz que en sus últimas películas por fin ha aprendido a ser actriz y borda un papel extremadamente complejo en sentimientos y emociones. Por otra parte esta película parece un taco de postales de la Barcelona más turística y atractiva, así como de la exquisita ciudad de Oviedo. Yo, sinceramente eché de menos ver a Bardem manteniendo un pequeño diálogo apoyado el codo en la cabeza dela estatua que esta ciudad le dedicó al director.
Así pues, os recomiendo a todos que salgáis de vuestras cuevas y llenéis los teatros, los cines, los circos, los sex-shops y veáis espectáculos que de otro modo sólo podríais admirar a través de la fría (aunque económica) distancia que supone el E-Mule.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada