
Hola, queridísimos.
Hacía mucho tiempo que no escribía unas letras por estos lares. Ha sido un tiempo de silencio escrito, que no emocional. Han sido tiempos de cambios y recambios, de subidas y bajadas, de salidas y entradas, de idas y venidas, de moros y cristianos, y de Tip y Coll.
Esto me trae a la memoria uno de sus magistrales números:
Se trata de ese número delicioso en el que nos explican, a modo de Coco, cómo llenar un vaso de agua; y por si fuera poco nos regalan una traducción simultanea al gabacho, idioma también conocido como "loquehablanesosquenostirabanlasfresas", o francés (en español culto).
Y es que Francia, sin quererlo ni beberlo, me ha dado mucho. Y no, mis queridísimos, no me refiero a ver cómo la Bruni pasa de codearse con modelos tan refinadas y exquisitas como Kate Moss a vérselas de frente con su Graciosa Majestad o Su Santidad (que ya me gustaría a mí ver a todas estas señoras juntas en una fiesta en Kapital). A lo que me refiero es a que Francia me ha aportado algo más que crêpes, quiches o queso Bleu des Causses.
Me ha aportado mucho más, muchas más cosas: ha despertado aquellas viejas e inertes mariposas en mi estómago.
Y recuerda, mon cher, que sin ti, tú yo somos uno.
2 comentarios:
Yo sólo quiero -espero y deseo- que la France te permita durante mucho tiempo ver la vie en rose!! Y no te creas aquello que dicen que la distancia es el olvido!! La distancia es la que cada uno quiera tener!!
la Francia siempre nos ha reportado alguna que otra tristeza, pero siempre guardaré un viejo recuerdo de París y por supuesto, de nuestras andanzas... Fue en París, donde os conocí, y donde descubrí el gusto por el humor fino, y por una buena conversación con vos.
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