lunes 20 de octubre de 2008

La hemeroteca cuché



Hoy no se hablaba de otra cosa en las peluquerías. El chismorreo ha corrido como la pólvora, de boca en boca y tira porque le toca: el novio del primer hombre en cantar a La Más Grande, Falete, esa gran señorona de la canción española más profunda y una de las voces más prodigiosas de las copleras, ha simulado un secuestro. Los motivos aún no quedan del todo claros; hay quien habla de deudas y cosas por el estilo.
Como es de esperar, en las próximas horas (y días y posiblemente semanas), periodistas de altísimo prestigio nacional e internacional como Karmele, Mariñas, Patiño y alguna que otra gran profesional de los medios tratarán el tema con la seriedad y el rigor que un asunto así necesita, dando datos objetivos y sin hacer sangre de uno de los sucesos más tontos que me he echado a la cara en los últimos meses. Porque mira que hay que ser lerdo para ir a la policía y decir "Señor agente, señor agente, que me han secuestrado". Que se parece más a un monólogo del maestro Gila que a una declaración policial.



Y es que esto de poner a parir a las reinonas de la alta sociedad y/o la farándula no es nuevo. Las prensas rosas existen desde que el mundo es mundo. De hecho se cree que las pinturas rupestres de Altamira no son más que una crónica de las vacaciones de la prima de la cuñada de la amante del concejal de urbanismo de Bedrock.
Son precisamente escabrosos chismes de alcoba (o de donde se tenga a bien y a mano) los que más gustan en los cuchés (revistas, televisión, radio...) desde tiempos remotos (como los controles).

Un claro ejemplo lo encontramos en mi amantísima Catalina La Grande.
Prácticamente autodenominada zarina Catalina II de Rusia, en realidad se llamaba Sofía y nació en la actual Polonia. Llegó al trono a raiz de aceptar casarse con el sobrino de la entonces emperatriz Isabel, futuro Pedro III, un tarado prácticamente impotente, que además tenía fimosis por lo que los juegos amatorios no eran una de sus distracciones preferidas.
Lo que realmente importaba de ese matrimonio era que el bueno de Pedrito tuviera descendencia; que él participara era un asunto secundario y que a nadie preocupaba. Así pues, la emperatriz Isabel lo dispuso todo para que un señor llamado Sergio Saltykov desvirgara a Catalina, que después de más de ocho años de matrimonio seguía mocita y entera, la muchacha; que lo que tenía no era un marido, era un Furby sin pilas.
El caso es que una vez el semental Saltykov hubo depositado su semillita (nada menos que el futuro y feísimo Pablo I que llegaría a acusar a su madre de poner vidrio en su comida para matarlo), lo destinaron a Estocolmo a que se le enfriase un poco... el caracter.

Con este hombretón fuera de Rusia, la pobre Catalina pasaba más hambre que un maestro de escuela, con lo que fue coleccionando amantes como quien colecciona tapas de yogures. Uno de ellos, un hombre de corazón puro, culto y con más músculos de los que yo sería capaz de reconocer en mi propio cuerpo, se enamoró perdidamente de ella. Pero la desgracia se cebó con este pobre hombre, cuyo nombre era Gregorio Alexandrovich Potemkin; en una refriega en una típica cantina perdió un ojo. De este modo, y después de que Catalina lo rechazara en matrimonio, lo convirtió en la persona encargada de suministrarle nuevos y deseables hombres.

Y así, tras una larga vida cargada de conspiraciones para derrocar a su marido del trono, incontables amantes (se dice que San Petersburgo está llena de palacios que les regalaba cuando los sustituía), y algún que otro amor (que no todo era sexo salvaje) murió un frío día de noviembre de 1796. Una leyenda muy extendida, inventada sin duda por los Mariñas y Karmeles de la época, fue que falleció en los establos, mientras era penetrada por uno de sus caballos. Otra de las grandes mentiras de la Historia. En realidad murió en su cama, tras sufrir un ataque en el baño a la edad de 67 años, y tras 32 en el trono de un país al que convirtió en potencia hegemónica en el este de Europa.

3 comentarios:

Alberto dijo...

Me gustaría saber de dónde has sacado esta historia de Catalina :) jeje tienes toda la razón. Este país se caracteriza, entre otras cosas, por la caspa, y los señores y señoras sentados cruzados de piernas en una silla con un cuaderno y un boli apuntando la vida de alguien que si lo pensamos friamente NO ES NADIE. Sin embargo es triste que se lauré a estos personajes, y no a los verdaderos protagonistas de esta sociedad. Somos y seremos siempre un país (si se puede decir que España es un país) de alcurnia y panderetas.

Anónimo dijo...

yo, sin duda alguna voy a creerme a pies juntillas (cómo me gusta imaginarme a mi misma a pies juntillas) lo de la Catalina penetrada por uno de sus caballos. Y que murió de decepción, porque ni los caballos podían satisfacerla, de lo mala mala que era. Me sulivella.
Sandra

Anónimo dijo...

Y sulivella es con B, pero no seré yo quien lo escriba bien.