
Hace algunos días todos los rotativos del mundo se hicieron eco del accidente en el que perdió la vida el político austríaco Jörg Haider.
Para aquellos que no sepan de quién se trata pueden buscarlo en Google (no es por ser borde ni nada), o bien seguir leyendo el escueto resúmen que haré a continuación.
Hijo de un zapatero de Bad Goisern desde muy pequeño mamó de la teta de la esvástica de la gran madre germana. Sus padres, muy patriotas ellos, y como la gran mayoría de los austríacos de aquellos locos años 30, apoyaron sin reservas la anexión del país a la Alemania de 1938; su padre, militante del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán y su madre, activista de la sección femenina de las Juventudes Hitlerianas, serían sancionados tras la guerra por tales actividades.
Destacar que ya cuando era un adolescente ganó un concurso de retórica convocado por la Federación Gimnástica Austríaca, una organización de extrema derecha, por la argumentación ¿Somos los austríacos alemanes?, texto publicado posteriormente por el diario derechista alemán Deutsche Nationalzeitung (criaturita, qué pena no haberle dado una Play Station a tiempo).
El talento político de Haider fue descubierto por el entonces presidente del Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) (ponerle nombre a un partido político requiere un gran esfuerzo), Friedrich Peter, un antiguo oficial de las SS y que se convirtió en su promotor (eso sí que son contactos de los buenos).
Y así, con el tiempo, mucha labia, un porte atlético y un don de gentes digno del mejor relaciones públicas del mejor garito de la noche madrileña llegó a ser gobernador de la región de Corintia. No obstante, en 1991 unas desafortunadas (para él) declaraciones empujaron su inmediata dimisión del cargo. Esta joyita de la retórica austríaca describió los campos de concentración como "campos de castigo" y dijo que las SS fueron "una parte del Ejército Alemán a la que habría que honrar". Así mismo, comparó la deportación de judíos de Alemania con la expulsión de los alemanes de Checoslovaquia tras la II Guerra Mundial.
No obstante, en 1999 conseguiría hacerse de nuevo con el mismo cargo, que ostentaba hasta el momento de su muerte.
Esto no hace más que reflejar un profundo e íntimo sentimiento, heredado de un viejo y excesivo orgullo nacional que Alemania ya se encargó de erradicar pensando en un futuro mejor. Esta es la herencia de una Austria que no se sintió en absluto víctima de la II Guerra Mundial, tal y como pretendían los Aliados. Una Austria que ha guardado en sus entrañas sus propios Fantasmas de las Navidades Pasadas y que salen y se mezclan ahora con una juventud desengañada que no sabe marcarse un rumbo por sí misma.
Pero no nos creamos que esto es algo exclusivo de un país. Tenemos ejemplos tan cercanos como los comicios de 2002 que hicieron que la derecha más extrema y rancia de Francia llegara a la segunda vuelta liderada por monsieur Le Pen. Y es que Francia rememora aún con pesar el armisticio firmado por Pétain que desembocó en la ocupación alemana del país en 1940; pero menos mal que les quedó Louis de Funes para reirse del pasado:
Aunque tampoco podemos olvidarnos de Italia y las celebraciones de los votantes del entonces recién electo alcalde de Roma saludándolo al estilo romano: brazo en alto. Escalofriantes los gritos de algunos de ellos, que a la voz de ¡Duce, Duce! vitoreaban a su nuevo líder.
Es evidente que recónditas brasas no del todo apagadas se están oxigenando por desencantos, desengaños políticos, presiones sociales, medios de comunicación (líbreme a mí dios de dar nombres, que luego todo se sabe y a mí no me gusta hablar) y otras tantas variables explicables por la historia europea reciente.
Y en cuanto a España, si Franco levantara la cabeza...
... se la reventaba de una patada.
1 comentarios:
Tenemos la suerte de tener hoy en día un omnipresidente que ha dejado al señor Le Pen donde no debería haber salido : en el extremismo y con un porcentaje de votantes que no le permitió cobrar suficientemente dinero como para que su partido sobreviva. Las últimas noticias suyas son las de la venta de su coche blindado (en realidad era un "package" coche - cena con el caudillito) y de la sede de su partido (vendida a la universidad de Shanghai ...).
Pero como me dijo un Español de mi curro : los Españoles tenéis que tener miedo de los pequeños jefes de estado franceses. El último (¿¡no sé por qué!?) os dejó malos recuerdos.
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